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La tienda de mi calle. La pequeña historia de un negocio tradicional.


La conozco de toda la vida, está ahí desde que tengo memoria. Un pequeño comercio familiar de ropa de caballero en el que compraban prácticamente todos los hombres del barrio.

Y digo compraban porque desgraciadamente y muy poco a poco, este pequeño negocio ha ido perdiendo clientes de una forma que parece prácticamente irremediable.

Como decía, conozco a esta familia de toda la vida, al principio estaba al frente el matrimonio y unos pocos años después se incorporó el hijo. Ahora, los padres están jubilados y es el hijo quien intenta sobrevivir a duras penas.

Vende, con total dignidad, profesionalidad y honrradez, esa ropa clásica que siempre han llevado los hombres, los clásicos pantalones, chalecos, trajes, americanas… los típicos calcetines pijamas, etc.

El caso, es que según me cuenta el actual dueño, esta ropa ya no se vende, ahora la gente va a las grandes superficies, no importa la calidad, sólo que sea lo que se lleva, lo que llevan los demás.

El hombre está sumido en el pesimismo. No tengo futuro, mi producto ya no se vende, ahora sólo venden las grandes superficies, los grandes se comen a los pequeños… y encima la crisis para acabar de arreglarlo todo, no se si voy a aguantar mucho más.

Ya no vivo en mi calle de toda la vida pero, hace unos días, casualmente tuve que volver por la zona y me pasé a saludarle. Supongo que un poco por desahogarse me contaba sus problemas. Después de escucharle con tranquilidad, le dije ¿no te has planteado que a lo mejor se trata de que cambies de forma de vender?. Se quedó mirándome como si le hubiera atacado de forma personal y me dijo, “oye, que llevo toda la vida vendiendo ropa de caballero y se muy bien como se hace”.

“Déjame explicarme y luego me dices lo que quieras”, le contesté, y empecé a explicarle mi idea… 

Verás, le dije, está claro que ya no hay tanta gente a la que le guste este tipo de ropa, pero, ¿cuantas tiendas como la tuya siguen existiendo en la ciudad?, poquísimas, me contestó, prácticamente ninguna, han ido cerrando. Entonces, ¿es lógico pensar que aunque haya disminuído mucho el tipo de cliente que a ti te interesa, también es cierto que casi no quedan comercios como el tuyo, no?. Si, eso es verdad, me dijo, pero yo no tengo posibilidad de llegar a ellos, no dispongo de muchos medios,

Hasta este punto era hasta donde yo quería hacerle llegar; así que, le pregunté ¿has pensado en vender por internet?. Aquí le dio la risa y me dijo: pero qué cosas tienes, mi cliente tipo no es de los que se meten en internet a comprar.

Tienes razón, a lo mejor tu tipo de cliente no es de los más activos en internet (aunque te sorprenderías si vieras algunas estadísticas),  pero, es que no te comprarían ellos, te comprarían sus hijos y sus nietos. De nuevo se quedó mirándome como si me hubiera vuelto loca, pero en esta ocasión, me dijo: no te entiendo, qué quieres decir?.

Le conté entonces la pequeña historia de mis vueltas y revueltas por toda la ciudad cada vez que quería regalarle algo de ropa a mi abuela. La mujer siempre se quejaba de que ya no encontraba lo que a ella le gustaba, el tipo de ropa que había llevado siempre, esa que le era tan cómoda y que además le duraba años y años. Si hubiera podido comprarla por internet, está claro que lo hubiera hecho, que me habría ahorrado mucho tiempo y que habría hecho felíz a mi abuela.

Mi amigo, se quedó pensando, me puso un montón de pegas del tipo…es que la verdad es que yo de internet no entiendo nada, no sabría por donde empezar ni cómo plantearlo, no se si sabría hacerlo, no se mi qué necesito, es un cambio total de negocio, serían casi 2 negocios distintos, además, necesitaría fotos de todos los productos… puf!!, no se!!. 

Después de contestarle algunas dudas básicas, hablarle algo de marketing, de redes sociales y de confirmarle que si, que efectivamente, que sería un cambio muy grande de planteamiento pero que su negocio tal como estaba ahora tenía los días contados, le dejé dándole mil vueltas a la cabeza y envuelto en un mar de dudas.

Y es que, según lo veo yo, vivimos momentos de cambios drásticos con lo que, a lo mejor, lo que tenemos que hacer es replantearnos absolutamente todo, repensarnos a nosotros mismos y a nuestros negocios e intentar algo nuevo. 

El volumen del e-commerce está creciendo exponencialmente, prácticamente todo se vende ya por internet o ayudándose con el, ¿por qué no pararnos a pensar si nuestra empresa se puede también apuntar a esta nueva tendencia?

Por cierto, de mi amigo, ya os seguiré contando, veremos si finalmente se decide a cambiar!

3 comentarios | Deja tu comentario

Gonzalo

He tenido un negocio tradicional del tipo que describes, ropa de caballero, señora y electrodomésticos. Hemos cerrado hace un mes. Ahora soy autónomo y estoy empezando desde cero.

 

Olimpia Correa

Hola Gonzalo, gracias por compartir con nosotros tu experiencia. La verdad es que la entrada de las nuevas tecnologías y de las grandes superficies ha supuesto un reto muy duro para los negocios tradicionales. Ha llegado la hora de reintentares. Muchísima suerte!

 

aromek

Nosotros distribuimos todavía ambientadores por el comercio tradicional, y cada vez se ven menos comercios tradicionales, lo que si que es verdad es que los que se han adaptado funcionan incluso mejor que antes

 
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